Imaginemos unas zapatillas inteligentes o un reloj deportivo que registre cómo nos movemos mientras entrenamos.
Esta información podría ser analizada por sistemas de inteligencia artificial y, al detectar pequeños cambios en el movimiento a lo largo del tiempo, dar un aviso de riesgo de padecer enfermedades neurológicas. Esto permitiría detectar enfermedades antes, iniciar tratamientos precozmente y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Quizá en el futuro, cada vez que salgamos a correr no solo estaremos entrenando nuestro cuerpo. También estaremos monitorizando la salud de nuestro cerebro. Porque quizá la próxima gran herramienta para detectar enfermedades neurológicas no será un hospital, será una pista de atletismo.